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Por hechizo, conjuro, o encantamiento, se entiende una determinada fórmula, ya sea escrita, ya sea verbal, mediante la cual se pretende utilizar la magia para alterar determinados acontecimientos. Hechizos y conjuros forman parte de multitud de creencias y religiones, por tanto es evidente que su variedad va a ser enorme. Aunque prácticamente todos coinciden en requerir de algún tipo de ritual.
En cierto sentido estos rituales pueden considerase casi como una forma de plegaria pues, al igual que en los rezos más tradicionales, se trata de conseguir que una deidad o entidad poderosa nos ofrezca su ayuda, protección, consejo, etc. En este tipo de rituales los gestos adquieren tanta importancia como las palabras.
Existen diferentes tipos de hechizos, algunos son considerados beneficiosos, otros dañinos. Algunos afectan al hombre, otros van dirigidos a animales, otros a objetos. Su propósito también puede ser de lo más variado: mejorar la salud, curar alguna enfermedad, buscar el amor, mejorar la situación económica, fertilidad, protección, exorcismo de espíritus, victoria en la guerra, etc... En general a los que se recurre con mayor frecuencia suelen tener relación con el amor, el dinero, o la salud. Los conjuros malvados se dirigen básicamente a las mismas áreas, pero en sentido negativo: causar enfermedad, causar la pérdida del amor, etc. Un hechizo puede estar dirigido sobre uno mismo, es decir la persona que realiza el ritual es tambien la receptora de sus efectos, o sobre otros, pero según su orientación se pueden clasificar en "bendiciones", si son conjuros positivos, o "maldiciones" si sus intenciones son malévolas.
El ritual del hechizo, conjuro, encantamiento, o como deseemos llamarlo, requiere de la figura del hechicero. Esta persona, el mago, será el encargado de llevar a cabo el ritual concreto ayudado de simbolos e incluso objetos que faciliten su labor: velas, efigies, muñecos, etc.