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Críticas de películas y eventos de cine

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Crónica del Viernes 13/10/2017

9o día del Festival. Películas vistas: Happy Death Day, 68 Kill y Blade of the Inmortal

Por: Webmaster Cine | Publicado: 27/10/2017 22:30 | |







Hoy ha estado Sitges el gran actor estadounidense Frank Langella, una de los secundarios del lujo del cine de ese país. El Festival ha repuesto Dracula (1979), de John Badham, donde interpretaba al vampiro más famoso de la historia. Y es que a este magnífico actor casi siempre le han ofrecido papeles de villano, incluida su espléndida representación de Nixon en El desafío - Frost contra Nixon (2008). La última película con actor que pudimos ver en Sitges fue Robot and Frank (2012), donde interpretaba magistralmente a un anciano dependiente al que ponían un robot cuidador. Este año ha recibido con toda justicia el Gran Premi Honorífic del Festival. El actor ha manifestado que "hay muchos festivales de cine en el mundo; Sitges ha tenido la grandeza de haber sido fiel a su identidad de género a lo largo de toda su historia. Por eso estoy honrado con el galardón que recibiré esta noche".

Aparte de Frank Langella, hoy ha sido otorgado el premio Màquina del Temps al director húngaro Kornél Mundruczó antes de proyectar su película Jupiter's Moon. La cinta es un drama con toques fantásticos que trata sobre la tragedia de la inmigración de miles de personas desesperadas que intentan entrar en Europa y que compite en la Sección Oficial.

Hoy ha sido el día de Japón en Sitges. Se han proyectado tres películas de ese país que compiten en la Sección Oficial: Before We Vanish dirigida por Kiyoshi Kurosawa; Blade of the Immortal, de Takashi Miike; y Survival Family, de Shinobu Yaguchi. Takashi Miike, un habitual de Sitges, ha presentado su Jojo´s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable, en una sesión especial y Blade of the Inmortal. Por la mañana, ha compartido con público y prensa una charla sobre el rodaje de la película Jojo’s Bizzare Adventure, que tuvo lugar el año pasado en Sitges. Precisamente, este mediodía, el alcalde, Miquel Forns, ha agradecido a Miike haber rodado en Sitges su film, un hecho que ha permitido proyectar la población en Japón. El acto de reconocimiento se ha realizado en los apartamentos 1840, en la Torreta.

Empiezo el día en el Auditori viendo Happy Death Day, del norteamericano Christopher Landon. La película es una producción 100% Blumhouse en el mejor de los sentidos; el cuarto trabajo del director Christopher Landon es una comedia de terror que mezcla sin complejos la trama de Atrapado en el Tiempo con la de una slasher-movie de la década de 1990. Una chica, Tree (Jessica Rothe), se ve condenada a vivir una y otra vez el mismo día; despertarse con reseca y lagunas de memoria en una cama ajena el día de su cumpleaños, pasar por una serie variable de acontecimientos (dependiendo de sus elecciones) para finalmente ser asesinada al final del día por un asesino que viste una máscara con la cara de la mascota de la universidad. Para romper el círculo no tiene más remedio que intentar resolver su propio asesinato y tratar de evitarlo. Pero no es fácil, Tree es fiestera, egocéntrica y ofende con facilidad; su potencial lista de sospechosos es larga.

Como Atrapado en el Tiempo, Happy Death Day juega de forma cómica e inteligente con los acontecimientos iniciales del día de su protagonista, que se repiten una y otra vez hasta que quedan grabados a fuego en su memoria. La premisa de vivir tantas veces su muerte también permite explorar de forma cómica un montón de escenarios de asesinato típicos y tópicos de las slasher-movie: pasos subterráneos desiertos, su propia habitación, pasillos desiertos de hospital o aparcamientos. En ese sentido la protagonista es a la vez la típica víctima propiciatoria de esas películas: la chica promiscua y superficial y la protagonista pura y virginal que acaba sobreviviendo. Las múltiples iteraciones del día permiten ir mostrando más capas del personaje, irle dando más profundidad para que su muerte importe de forma creciente al espectador.

Jessica Rothe realiza un muy buen trabajo interpretando a Tree; es muy expresiva y tiene un muy buen sentido cómico. Su enérgica interpretación le da energía a la película y sabe transmitir muy bien los matices sobre su persona que se van revelando a medida que avanza el metraje. El guion de Scott Lobdell, junto a la dirección de Christopher Landon dan a la película un ritmo alto de comedia, pero también el tono justo de tensión en las escenas violentas. El final de la película, con diversos giros sorpresivos, está muy bien resuelto. Pero lo mejor de todo en mi opinión es que han sabido encontrar el tono justo para contar una historia intencionalmente poco original. Sin duda una de las comedias de terror más divertidas de este año.

Continuo por la tarde en el Retiro viendo 68 Kill, una película estadounidense de Trent Haaga. La sesión fue presentada por Bob Portal, uno de los productores de la película, que afirmó que el rodaje fue muy divertido y que la actriz AnnaLynne McCord está casi tan loca como el personaje que interpreta. Trent Haaga es un actor, escritor, productor y director cinematográfico que empezó colaborando con la productura Troma (como actor, escritor y productor) con títulos como El vengador tóxico 4, Killjoy 2, Hell Asylum entre otros. Su debut como director fue con Chop, y también colaboró con el guion de la interesante Cheap Thrills. Los dos títulos, junto con 68 Kill, son comedias negras donde los protagonistas tienen que luchar para sobrevivir a sus múltiplos infortunios. Con bastante violencia, sexo y mucha mala uva, 68 Kill es una sesión de medianoche ideal.

El protagonista de la historia es Chip (Mathew Gray Gubler), un tipo encallado en una vida sin perspectivas; vive de alquiler en una caravana y trabaja limpiando pozos negros por un salario ridículo. Su novia Liza (AnnaLynne McCord), de la que está muy enamorado, es una mujer guapísima, pero no puede decirse que sea una persona fácil; es violenta, controladora y completamente amoral. Se acuesta con el dueño de la caravana que alquilan a cambio del alquiler y gracias a eso un día ve que guarda 68.000$ en la caja fuerte de su casa. Medio convence medio obliga a Chip a colarse allí una noche para robar, pero el plan de entrar sin que nadie se entere ni nadie se haga daño termina con dos muertos. Para colmo se llevan como rehén a Violet (Alisha Boe), una chica que Chip se resiste a matar y que Liza reserva para "regalársela" a su hermano Swayne (Sam Eidson), un individuo siniestro con pinta (justificada) de psicópata. Las cosas se complican aún más cuando Chip huye con el dinero y Violet en el maletero porque Liza no se lo tomará bien y además tendrá muy mala suerte con sus encuentros.

68 Kill no aspira al realismo ni a la plausibilidad; es una comedia negra con buenas dosis de acción que no duda en exagerar las situaciones miserables que sufre su protagonista usando algunas veces un humor casi de cartoon perverso. Y la verdad es que si no se es muy remilgado la película resulta divertida; Trent Haaga tiene muy mala idea y sabe dar a la narración un ritmo trepidante y una duración correcta que logran cubrir casi siempre que los personajes y la trama son muy tenues. Además los colores saturados de la fotografía de Needham B. Smith le pegan mucho a la historia, acabándole de dar un aire pulp. El reparto también ayuda a que la película funcione; Mathew Gray Gubler (conocido por la serie Mentes Criminales), es el único personaje vulnerable y pacífico, que da a la trama un tono más ligero. AnnaLynne McCord realiza su papel con la energía, la locura y la agresividad que precisa. 68 Kill es una película muy divertida, bien realizada y con un buen casting. Eso sí, no es sutil, ni políticamente correcta ni para amantes de la alta comedia, pero es una midnight movie estupenda.

Salgo y vuelvo a entrar al Retiro para ver Blade of the Inmortal, de Takashi Miike, un auténtico clásico del Festival. Como no podía ser menos en su 50 edición, Takashi Miike estuvo en Sitges y en el cine para presentar la sesión. Tras una ovación cerrada y alguna broma sobre lo mucho que le gusta la sangría de cava, un sereno Miike agradeció al público su presencia y recordó que también estaría en el pase posterior de Jojo's Adventure otra película suya rodada en Sitges con un equipo entre japonés y catalán. Miike es un director atípico; en su filmografía se puede encontrar de todo: bueno, regular y malo; terror, thriller y comedia, a veces en la misma película; adaptaciones de manga loquísimas y sobrio cine de samurais. Además es un hombre de 57 años que con Blade of the Inmortal firma su película número 100 como director. Dado que su primera película la dirigió en 1991 eso implica que produce una media de casi cuatro (!) películas por año. Y eso, aparte de su tremenda capacidad de trabajo, también dice mucho del "acabado" de sus películas; entre sus virtudes no parece estar el perfeccionismo obsesivo, algo que personamente echo un poco de menos. En mi opinión algunas de sus buenas películas no han acabado siendo grandes películas precisamente por esa falta de acabado. También es cierto que en muchos casos esa rapidez se ha traducido en frescura y espontaneidad.

Por todo esto, a pesar que es un director al que sigo, cada vez que voy a ver una película de Miike lo considero un poco como un juego de azar. ¿Qué tocará? ¿Muy buena, buena, regular, mala o malísima? Y en el caso de Blade of the Inmortal por desgracia me tocó entre regular y mala. La película adapta un manga que Hiroaki Samura lleva largo tiempo publicando en Japón. El guionista Tetsuya Oishi (que ya adaptó el manga Death Note) ha tenido la difícil tarea de elegir qué llevar a la pantalla de una serie de 30 volúmenes publicada a lo largo de 20 años.

La película arranca con un prólogo en blanco y negro en el que el samurai renegado Manji (Takuya Kimura), acompañado por su hermana Machi (Hana Sugisaka), es emboscado por un numeroso grupo de cazarecompensas. A cambio de que dejen en paz a Machi, se ofrece a entregarse, pero la matan, lo que provoca un combate feroz en el que acaba con todos pero queda herido de muerte. Entonces una misterisa anciana, Yaobikuni (Yoko Yamamoto), lo cura usando 'gusanos de sangre', que permanecen en su organismo, restaurándolo continuamente y curándolo cuando hace falta (pero por algún motivo dejan la cicatriz). Eso lo convierte en virtualmente inmortal, un poco como un Lobezno samurai.

Tras ese inicio la historia se adelanta cincuenta años en el futuro, donde una escuela marcial, la Ikki-ryu, liderada por Kagehisa Anotsu (Sota Fukushi), está retando a todos los dojos de otras escuelas marciales para que se unan a ellos o les combatan a muerte. Y aunque no son muy simpáticos, son muy buenos luchadores y están acabando con todo el mundo. Tanta es su notoriedad que desde el shogunato se están planteando nombrarlos la escuela oficial para la guardia del Shogun, un puesto tan honorable como poderoso. La cosa se complica cuando matan al padre de Rin (también interpretada por Hana Sugisaka), el líder de un dojo. Rin jura venganza y cuando se topa con Manji, que vive como un ermitaño, medio enloquecido por su inmortalidad, le pide ayuda para ejecutarla. Influenciado por la semejanza misteriosa entre Rin y su difunta hermana, Manji accede y empieza a liquidar uno a uno a los notables de los Ikki-ryu. Mientras las intrigas en la corte se enredan más y para colmo, entran en escena los cazarrecompensas.

A diferencia de los dos anteriores trabajos de Takashi Miike sobre samurais, las clásicas, sobrias y soberbias Thirteen Assassins (2010) y Hara-kiri: Death of a Samurai (2011), Blade of the Inmortal no aspira al realismo ni a la contención. La película se estructura a partir de los diferentes duelos a espada que se suceden con breves interludios sobre la trama política entre los dojos y el shogunato. La galería de personajes pintorescos que se enfrenta al antihéroe es amplia y variada, hay un par de escenas multitudinarias en las que los protagonistas cortan a trozos a decenas de sicarios.

Las escenas de combate de la película son gráficas en su aproximación a la violencia; hay numerosos apuñalamientos, tajos y amputaciones. También se alejan del los combates clásicos de las películas de samurais, con un estilo de lucha menos anquilosado y con el uso de numerosas armas nada tradicionales. Eso y lo abigarrado y extremo de los vestuarios y los personajes alejan por completo la película del realismo y supongo que la acercan más al manga en el que se basa (no he tenido ocasión de leerlo).

Aunque técnicamente la película me pareció correcta, con una buena fotografía y banda sonora y algunas escenas de combate bien realizadas, sus dos horas y veinte minutos de duración se me hicieron muy largas. A partir de un cierto punto la película se convierte en una sucesión de duelos donde siempre se acaba imponiendo el protagonista gracias a sus poderes curativos. Los personajes no tienen ninguna profundidad y Hana Sugisaka en mi opinión realiza un pobre trabajo de interpretación como hija deseosa de venganza. La película tiene tanta sangre y violencia que llega un momento en que satura y se convierte en rutinaria. Y lo tenue del argumento no ayuda a levantar el interés. Lástima, esperemos que alguna de las cuatro películas que Takashi Miike realice el año que viene sea la buena.

(c) 2017 Jordi Flotats

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