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Críticas de películas y eventos de cine

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Crónica del Miércoles 11/10/2017

7º día del Festival. Películas vistas: Brimstone, Dave Made a Maze y Salyut-7

Por: Webmaster Cine | Publicado: 23/10/2017 19:48 | |







Como en anteriores ediciones se ha realizado la fiesta Barcardí, que busca premiar y recompensar a los jóvenes talentos de la industria, organizando el ‘Blood Red Carpet’, una alfombra roja con algunos de esos talentos. Esta vez se ha realizado junto a la presentación de la película The Maus, de Yayo Herrero y ha contado con los directores Daniel Muñoz, Nicolas Onetti y Andrés Goteira y los actores y actrices Marcos Franz, Jaume Ulled, Will Shephard, Nicolas Ronchi, Mariam Bachir, Bruna Cusí, Itziar Castro y Annette Trumel.

Pero antes se ha entregado a la actriz, guionista y directora Leticia Dolera el premio Barcardí al Espíritu Indomable. Dolera debutó como actriz en series de televisión como Al salir de clase, para pasarse al cine con personajes tan memorables como la novia de [REC] 3: Génesis. Más adelante escribió y dirigió la comedia Requisitos para ser una persona normal.

Antes del pase de las 22:00 de La piel fría, la película de Xavier Gens (Frontier’s que adapta la fantástica novela de Albert Sánchez-Piñol, se ha hecho entrega del premio Maria Honorífica del Festival a la productora Denise O’Dell, que ha participado en películas como Indiana Jones y la última cruzada, Operación Swordfish o El reino de los cielos.

Empiezo temprano el día en el Auditori para ver Brimstone, una película del director holandés Martin Koolhoven. Koolhoven triunfó en su país con el drama ambientado en la segunda guerra mundial Oorlogswinter (Guerra de Invierno) en 2008. Tras esa película tuvo ofertas para rodar en Hollywood, pero en vez de eso decidió arriesgarse y tras muchas dificultades para encontrar financiación internacional logró rodar Brimstone una película en inglés, reparto básicamente estadounidense y equipo de rodaje y producción básicamente holandés. La película es un cuento de venganza, lujuria y crueldad ambientada en el oeste americano a finales del siglo XIX. Un western bello y oscuro rodado de forma virtuosa y que no dejará indiferente a nadie.

La película está dividida en cuatro capítulos (revelación, éxodo, génesis y retribución) que narran la historia en orden no cronológico. La película empieza presentando a su protagonista, Liz (Dakota Fanning), una mujer muda casada con Eli (William Houston), un granjero viudo; tienen dos hijos, un adolescente del primer matrimonio de Eli y Sam (Ivy George), una niña hija de ambos. Viven en una pequeña comunidad del Oeste americano, donde Liz es muy apreciada como comadrona. Todo cambia cuando llega al pueblo un nuevo predicador interpretado por Guy Pearce; un hombre reseco, marcado con terribles cicatrices que predica el miedo al infierno y la condenación. Cuando lo ve, Liz se asusta, está claro que ella y el predicador tienen un pasado. Pronto se ve como parece haber venido al pueblo para terminar con todo lo que ella quiere.

Todo el tiempo que el director dedicó a escribir y producir esta película se nota. Todas las tomas y escenas parecen cuidadosamente planeadas y editadas; da la sensación de cada posición de cámara y línea de diálogo están allí por un motivo y eso es algo que cuesta mucho de encontrar en el cine actual. La película cuenta una historia oscura, truculenta, en el que un personaje verdaderamente monstruoso se dedica a traumatizar de todos los modos posibles a su familia siempre con la Biblia aparentemente dándole la razón. Guy Pearce, en una composición espléndida, da vida a ese monstruo que tiene ecos del falso reverendo de La noche del cazador, sólo que peor, porque este es auténtico y sus propósitos son aún más perversos. Su aspecto y estolidez me recordaron al reverendo de El Jinete Pálido. Pearce, un actor extraordinario, transmite maldad y peligro en todas las tomas.

La película presenta de forma gráfica y escalofriante mucha violencia contra las mujeres; están sometidas por completo al uso y abuso de sus maridos o sus propietarios (si son prostitutas), ante el consentimiento de las comunidades. Cualquier excusa, religiosa o monetaria es válida para justificar el maltrato, la falta de respeto y en última instancia al miedo de que las mujeres pudieran emanciparse. Pero frente a esto la película presenta a una protagonista fuerte. Dakota Fanning, en su mejor interpretación hasta la fecha, da vida a una superviviente, una mujer dispuesta a tomar decisiones extremas para asegurar su supervivencia y especialmente la de su hija. Fanning logra transmitir muchísimo con su rostro y gestualidad; durante la mayor parte del rodaje interpreta a una mujer muda.

Brimstone es una película espléndida; la dirección y el guion de Martin Koolhoven son de primera línea. La división de la historia en capítulos no cronológicos permite al espectador ir infiriendo los detalles de la historia; su parte final cierra perfectamente una historia terrible que acaba mostrando que todas las acciones tienen sus consecuencias, aunque sean trágicas. Porque Brimstone es negra, negrísima, no hace ni la más mínima concesión; esta historia nunca podría haber sido financiada en Hollywood. La fotografía y la banda sonora son fantásticas; arropan perfectamente a la película y le dan el aspecto y el tono que demanda.

Aparte de los dos protagonistas, el resto de los actores está a un nivel muy bueno. Me gustó particularmente Carice van Houten en su papel de esposa sometida a la que aterra que su "rebelión" pueda pagarla su joven hija. La joven Emilia Jones, que interpreta a la protagonista en su niñez, también borda su papel.

Brimstone me ha parecido prácticamente una obra maestra. Martin Koolhoven es un director y escritor impresionante. Pero debo advertir que la película es muy dura en varios aspectos. Es horriblemente violenta a veces, muestra sin tapujos la crueldad que podemos ejercer los seres humanos, incluso a nuestros propios familiares. Muestra también que muchas veces, por mucho que nos esforcemos, las cosas no siempre salen bien y que el pasado siempre nos acaba dando caza por mucho que lo intentemos evitar. Tampoco es muy optimista respecto al consuelo que pueda aportar la religión. Pero toda esa oscuridad y dureza está ligada a una película tan bella como imprescindible.

Continuo en la sala Tramuntana para ver Dave Made a Maze, el debut cinematográfico del actor Bill Watterson, presente en la sala para presentar su película. Una película que ha resultado ser terriblemente imaginativa, realizada como una oda al cine de aventuras de la década de 1980. El protagonista de la película, el Dave del título, es un artista frustrado en la treintena que vive con su novia Annie (Meera Rohit Kumbhani) en un apartamento. Un fin de semana que Annie está fuera, completamente deprimido empieza a construir un fuerte en su salón usando cartón de cajas viejas. Cuando vuelve Annie, lo encuentra dentro, afirmando que se ha perdido y no encuentra la salida, porque por dentro es mucho más grande de lo que parece. Asustada, Annie llama a sus amigos Gordon (Adam Busch) y Harry (James Urbaniak). Éste último, un director de documentales, se presenta con un equipo de rodaje y un gran grupo de conocidos, que convierten la crisis en una fiesta. Finalmente Annie decide entrar con Gordon, Harry, su equipo y un montón de despistados al fuerte para 'rescatar' a Dave. Para su enorme sorpresa, de alguna manera Dave ha construido un gigantesco laberinto de cartón, lleno de trampas, pozos y criaturas, custodiado por un terrible Minotauro. Y aunque a priori todo parece inofensivo, las trampas se revelarán mortales; la única esperanza de supervivencia será que Dave, que nunca termina nada, termine su laberinto.

Dave Made a Maze es una cinta clásica de aventuras que muestra la exploración de un mundo peligroso creado a medida de la mente de su creador. La construcción es un laberinto lleno de peligros porque en el fondo todos somos una amenaza para nosotros mismos; la frustración por no terminar nada, las inseguridades, la introversión y la depresión de su protagonista toman sustancia real y se transforman en trampas y criaturas mortíferas. Y aunque la cinta está llena de humor y de sentido de aventura, es mucho más adulta que las cintas a las que homenajea; sus protagonistas, aunque algo inmaduros, son adultos y las malas decisiones en el laberinto tienen consecuencias mortales.

La realización de la película es sin duda un acto de amor al cine realizado sin ningún efecto digital, a Ray Harryhausen y Jim Benson, artistas que trabajaban con maquetas y stop-motion que poseían una realidad física. La película cuenta con veinte sets distintos en los que se usaron unos 2800 metros cuadrados de cartón (todo donado o reciclado) como material de construcción y una parte de animación en stop-motion con muñecos (también de cartón y papel, claro). El diseño de producción de John Sumner y Trisha Gum, y la dirección artística de Jeff White me parecieron superlativos. Todo tiene ese aire de imperfección para que parezca hecho a mano (en realidad lo está) y al a vez es hermoso y completamente imaginativo.

La película no me ha parecido perfecta; algunos de sus personajes son un poco insustanciales, no todos sus gags funcionan y su argumento no tiene mucha profundidad, pero todo y así me ha encantado. Pasa en un suspiro gracias a la acción incesante y al juguetón sentido de la maravilla que la empapa. Y la imaginación detrás de los decorados y los efectos es superlativa. Completamente recomendable para pasar 80 minutos suspendiendo la incredulidad y divertirse como un niño.

Termino mi día de cine en la propia sala Tramuntana viendo la película rusa Salyut-7, de Klim Shipenko. El director estuvo en la sala para presentar su trabajo. La película se inspira en hechos reales sucedidos en 1985, en plena Guerra Fría, cuando una estación espacial soviética, la Salyut-7, se averió y se tuvo que enviar a una expedición para repararla. La película, muy influenciada por Apollo 13 y Gravity, ofrece por una vez perspectiva soviética de la Guerra Fría.

En 1985, la estación espacial Salyut-7, puesta en órbita en 1982, está orbitando la Tierra cuando deja de comunicarse con el centro de control de la Tierra. La caída descontrolada de la estación no sólo supondría un duro golpe al prestigio de la Unión Soviética, sino que además podría causar daños y pérdida de vidas humanas dependiendo de dónde cayera. Por si fuera poco, los altos cargos soviéticos sospechan que los Estados Unidos podría intentar robarles la estación con la excusa de evitar la tragedia, ya que su nuevo transbordador espacial tiene una bodega con el tamaño preciso para acomodarla y han programado una misión en muy poco tiempo. Para evitar también este supuesto, los mandos deciden organizar una expedición para evaluar el problema y tratar de arreglarlo si es posible antes del plazo marcado por la expedición de la NASA. Si no es posible, la estación debe ser derribada. La primera gran dificultad consistirá en acoplar el vehículo que se envíe con una estación que está girando fuera de control sobre tres ejes, una proeza que algunos consideran imposible. Para ello mandan a dos cosmonautas; Viktor Alyokhin (Pavel Derevyanko), uno de los diseñadores de la estación, pero sin experiencia en el espacio y el experimentado piloto Vladimir Fyodorov (Vladimir Vdovichenkov), apartado del programa espacial por motivos psicológicos.

Sin que esto suponga una crítica, Salyut-7 se puede ver sin problemas como la respuesta rusa a Apolo 13. Ambas películas comparten muchas temas en común; ambas glorifican el heroismo de unos cosmonautas que se juegan la piel para arreglar un problema y salvar el programa espacial, más que para alcanzar una nueva meta. Ambas también son muy patrióticas, aunque cada una en su lado de la Guerra Fría. Salyut-7, aunque rusa, se muestra orgullosa de lo conseguido durante la etapa soviética del país y evita cuidadosamente mostrarse crítica con ese régimen, enlazándolo con el actual auge del nacionalismo ruso. Las dos también alternan la tensión en el espacio con la que se vive en el centro de control, donde se intenta buscar soluciones a la desesperada. Y ambas también juegan con el drama mostrando a las familias de los cosmonautas; en este caso la esposa embarazada del ingeniero y la esposa e hija del piloto. Es esta parte la que más me flojeó de la película; aunque quizá históricamente correcto, me pareció muy tópico el drama de las esposas reticentes a que sus maridos salgan al espacio.

Y es precisamente en el espacio donde Salyut-7 es excelente. La película cuenta con muchas escenas de paseos espaciales rodados tanto desde fuera como desde la perspectiva de los cosmonautas; el vertiginoso trabajo de cámara recuerda poderosamente al de Gravity, aunque la técnica de rodaje utilizada es aparentemente distinta; mientras que la película americana usó CGI, al parecer muchas de las tomas de esta película se rodaron realmente en gravedad cero, haciendo que luzcan mucho mejor de lo que sugiere el relativamente escaso presupuesto de la película. Técnicas al margen, visualmente las tomas espaciales son magníficas, tanto las de los paseos por la superfície de la estación como las tomas interiores -me pareció preciosa la escena en la que la estación se llena de agua en suspensión.

Aparte de la magnífica dirección y fotografía, la película cuenta con unos actores protagonistas muy sólidos. Pavel Derevyanko interpreta perfectamente al ingeniero ensimismado con su trabajo pero con el sueño de ir al espacio y poder ser llamado cosmonauta. Al revés que su compañero, no es nada estoico y su miedo cuando las cosas se ponen realmente mal se nota, pero no deja que le afecte; su mente siempre está intentando trabajar en soluciones a los problemas. Vladimir Vdovichenkov aporta su carisma para interpretar a un personaje estoico, que nunca pierde la calma y que tiene una ironía y un fatalismo muy rusos.

En conjunto Salyut-7 me pareció una muy buena película. Como toda película que narra una hazaña en el espacio, el lugar donde se han conseguido algunos de los mayores logros de la humanidad, la cinta es tan épica y emocionante como necesita ser. Añadiendo a eso la excelente realización se obtiene una película imprescindible para los aficionados a películas ambientadas en el espacio. No tiene mucho (¿nada?) que envidiar a sus contrapartidas estadounidenses.

(c) 2017 Jordi Flotats

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